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Quizás te sucede que te sientes más relajado hablando en un segundo idioma que en tu lengua materna, en tus conversaciones cotidianas recurres a extranjerismos para suavizar el tono, eres un pez en el agua al hablar con extranjeros o de pronto, estando con tus amigos o compañeros de trabajo bilingües, comienzas a platicar en inglés —francés, japonés o alemán— porque sientes que te permite expresarte mejor y más fluidamente. Esto tiene que ver, entre otros factores, con el desapego emocional, pero a continuación te explicamos todas las razones.

1. Porque nuestro cuerpo aprehendió

 

Nuestras experiencias con el lenguaje nos hacen aprenderlo y aprehenderlo. Durante la adquisición de nuestra lengua materna, formamos una intrincada red de recuerdos personales, imágenes y asociaciones sensoriales gracias al sistema límbico. Es por eso que el primer idioma está conectado con todo nuestro cuerpo: está en nuestra memoria sensorial, lo cual no ocurre con los idiomas que aprendemos posteriormente, y esto influye en cómo los usamos.

 

Además, con nuestra lengua materna tenemos una fuerte conexión emocional, mientras que con los otros idiomas ocurre más bien un desapego. ¿Por qué? Bueno, el aprendizaje de la primera lengua ocurre naturalmente, mientras que la enseñanza de idiomas posteriores tiene un método particular y sucede más fríamente, con menos carga emocional. Este desapego es el responsable de que puedas sentirte más libre o más relajado al expresarte en otro idioma.

 

2. Veamos un ejemplo

 

Detente un momento, cierra los ojos… ¡No! ¡Espera! Ábrelos para seguir leyendo…

y piensa en la palabra sangre. ¿Cómo se siente esta palabra? Seguramente la aprendiste cuando eras niño mediante una experiencia desagradable: corrías felizmente y de repente te caíste, o por accidente te cortaste al desobedecer a tus papás y jugar con las tijeras. Ese doloroso recuerdo se quedó grabado en tu cuerpo. De esa experiencia aprendiste la palabra sangre. Lo mismo ocurrió con la palabra dolor, enfermo, y todo el repertorio de vocablos poco felices.

 

Ahora, si piensas en blood —su traducción al inglés— no tienes las mismas sensaciones. Esto ocurre porque esa palabra no la aprendiste sensorialmente, sino intelectualmente, y es por eso también que te suena más light. Este desapego sensorio-emocional de las palabras te hace estar más relajado al pronunciarlas, pues no hay compromiso emocional (¡y vaya que solemos huir de él!).

3. Porque el escucha te escucha

 

Por lo general, existe una gran tolerancia en los escuchas de una persona que está aprendiendo otro idioma. Como hispanohablantes, si somos interlocutores de un estadounidense (o un francés o un italiano) que está aprendiendo a hablar español, nos gusta corregirlo amablemente si tiene errores para que aprenda mejor el idioma. Lo mismo puede ocurrir a la inversa y sentimos menos responsabilidad al hablar otro idioma porque tenemos justificados los errores: estamos aprendiendo. ¡Mientras que equivocarte al hablar o escribir en tu propia lengua puede ser muy sancionado!

 

4. Porque trae consigo rewards

 

Por supuesto, hablar un segundo idioma tiene grandes recompensas… y eso te hace feliz. Te brinda beneficios como el poder de:

  • Entender mejor tus culturas extranjeras favoritas. Si eres fan del anime japonés, las series inglesas o estadounidenses, o las películas alemanas, definitivamente conocer bien su idioma te ayudará a comprender mucho mejor su cultura y cada detalle, ¡ya no te quedarás serio mientras los demás se ríen porque entenderás todos los chistes!
  • Conectar con otras personas de otros países. Sí, tanto por internet como en persona. El poder de intercambiar información, hacer nuevos amigos, y hasta encontrar pareja.
  • Conocer mejor tu propia cultura. Estudiar otro idioma puede traerte grandes revelaciones sobre la manera en que tu país piensa y se comunica. En japonés, por ejemplo, existen muchas variaciones de saludos dependiendo del rango social o posición de la persona a la que saludes, mientras que en español puedes decir simplemente ¡buenos días! a tu jefe sin que ello sea una falta de respeto. Vaya que el mexicano es relajado.
  • Ejercitar la memoria. Quienes hablan uno o más idiomas extranjeros tienen menos riesgo de padecer Alzheimer que quienes no lo hacen.
  • Confiar en ti mismo. Vamos, en nuestro país una minoría habla un idioma extranjero, como el inglés. Claro que estar dentro de este grupo te hace sentir especial, más seguro de ti mismo y de las cosas que puedes lograr.

 

Por último, también te sientes relajado porque simplemente lo disfrutas. Si quisiste aprender tu segundo idioma por voluntad propia ¡felicidades! Seguro tienes un mejor nivel que los que fueron obligados a estudiarlo. Esto es porque las emociones ligadas al aprendizaje de un segundo idioma determinan la manera en que lo usamos. Si te encanta el idioma, seguro que disfrutas hablándolo y puedes estar relajado porque hacerlo es para ti como un juego que sabes jugar muy bien. Pero recuerda: siempre puedes mejorar.

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