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Sucede que decidimos (o nos vemos forzados a) aprender otro idioma. Tomamos clases, comenzamos a intentar leer en esa lengua, vemos películas para acostumbrarnos a la pronunciación y, con suerte, tenemos la oportunidad de conversar con hablantes nativos. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de que nuestro inglés (francés, portugués, alemán, italiano, chino mandarín) no suena tan bien como creíamos… claro, si es que logramos encontrar las palabras para dialogar fluidamente.

 

La respuesta está en nuestro origen

 

¿Por qué nos es tan difícil pronunciar otro idioma? La primera respuesta se encuentra en nuestra lengua materna. Resulta que cada lengua tiene sus particularidades sonoras, piensa, por ejemplo, en los hablantes ingleses, quienes tienden a pronunciar todas las vocales muy abiertas, y más con la lengua y el paladar que con los labios. O en la diferencia entre la r de los rusos (demasiado fuerte) y la de los franceses (bastante gutural). Ahora recuerda cómo suena el español en boca de estos hablantes. ¿Los anglosajones son capaces de diferenciar inmediatamente los sonidos de nuestras erre y ere? El 99.9% no, y puedes comprobarlo.

 

Nuestro aparato fonador se acostumbra a emitir los sonidos (y nuestro cerebro a interpretar vocalmente las letras que vemos) de cierta manera. Si una de nuestras formas de aprendizaje de una lengua extranjera es la lectura, es mucho más probable que pronunciemos incorrectamente. De cualquier modo, nadie se salva, ya que el segundo factor que interviene son las inflexiones que producimos cotidianamente.

 

¿Entonativa o tonal?

 

Hay dos tipos de lenguas: entonativas y tonales. Las primeras, como el español, dependen de la entonación para transmitir el mensaje: no es lo mismo Nos vemos a las 6 que ¿Nos vemos a las 6? Los elementos léxicos son los mismos y, sin embargo, un hablante hispano jamás pronunciaría igual las dos oraciones porque sabe que no le transmitiría el mensaje correcto al oyente. Cabe mencionar que todas las lenguas romances (derivadas del latín) son entonativas, por lo tanto, casi todas las lenguas europeas lo son.

 

Por otra parte, en las lenguas tonales la misma sílaba puede significar cosas totalmente diferentes dependiendo de si se emite aguda, media, grave o neutra. Vigila la variación de tonos de tu voz especialmente si estás aprendiendo chino, cantonés, vietnamita o alguna lengua de África occidental. El ejemplo más famoso es el fonema ma, que en chino se puede entender como mamá, sésamo, caballo o regañar, según el tono que se le dé, así que ten cuidado si no quieres terminar anunciando que vas a llamar a tu caballo a México.

 

El detalle de la sílaba tónica

 

El tercer punto a tomar en cuenta es el acento. Puede ser que el idioma que estás aprendiendo sea de acento libre (aplican el inglés, alemán, italiano y catalán, entre otros), lo que quiere decir que la sílaba tónica puede estar en cualquier parte de la palabra. La demostración más clara son los verbos en presente y pasado en español: la tilde en hablo y habló cambia completamente el sentido de la frase. Pero existen otros idiomas cuyo acento es fijo, es decir, la sílaba tónica siempre está en el mismo lugar. En el francés, siempre es la última, mientras que en el checo, es la primera.

 

Estas diferencias son las que dictan la pronunciación de cada hablante, y sus dificultades para decir las palabras como lo hacen los nativos. Pronto te diremos cómo superar más fácil estas barreras (spoiler: tu edad no importa), pero mientras tanto, te recomendamos identificar a qué clasificación pertenece la lengua en la que quieres ser experto; seguro encontrarás de dónde provienen tus errores.

 

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