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Cuando apenas me iniciaba en el mundo de la traducción, poco o nada sabía acerca de las herramientas de traducción asistida por computadora (TAC). Trabajé casi durante cuatro años sin ningún tipo de herramienta adicional, más que mi computadora y mis propios glosarios elaborados en Excel. Sin embargo, por los comentarios de colegas en conferencias y en cursos, poco a poco fui comprendiendo su importancia y que cada vez comienzan a ganar más terreno, ya que se han vuelto una parte indispensable de nuestra labor. Así fue como conocí las herramientas Wordfast, Trados y memoQ. Al principio, no entendía bien su utilidad, pero una vez que comencé a usarlas me quedaron clarísimas todas sus ventajas, que pueden resumirse en una: productividad.

Si bien Wordfast suele ser la primera opción por su sencillez y bajo costo, carece de muchas funciones. En cuanto a Trados, para muchos traductores la herramienta más completa del mercado, aunque la más costosa, cuenta con muchas más funciones pero también reviste mayor complejidad. Finalmente, mi favorita: memoQ, es la herramienta en la cual me enfocaré de ahora en adelante. Sin ser tan compleja como Trados pero mucho más completa que Wordfast, es la herramienta ideal para muchos traductores.

Admito que aún me quedan por explorar muchas de sus funciones, pero las que conozco me han ayudado a aumentar mi productividad en todos los sentidos: no solo es posible lograr mayor coherencia terminológica (mediante el uso de glosarios que nosotros mismos podemos crear), sino también visualizar segmentos ya traducidos, además de buscar términos para saber cómo se tradujeron en el pasado para ese mismo proyecto o cliente. Todo esto, gracias a las memorias de traducción, las cuales cobran aún más importancia cuando trabajamos en grandes proyectos con varios traductores en los cuales es primordial mantener la uniformidad. No obstante, no debemos confiarnos: siempre hay que revisar, pues cabe la posibilidad de que haya errores y nuestro deber es corregirlos antes de incluir estos segmentos en la nueva traducción, así como ‟limpiar la memoria”. Es decir, si detectamos errores y estamos totalmente seguros de ello (previa consulta con el traductor o revisor que ingresó ese segmento ‟errado”), deberemos proceder a hacer los cambios pertinentes para que se elimine el segmento equivocado, ya que este solo ocupará espacio innecesario, además de confundir al traductor y revisor al existir varias versiones de una misma traducción.

Otra función de memoQ consiste en trabajar en la ‟nube” o en línea, cuya mayor ventaja es trabajar simultáneamente con otros traductores en un mismo proyecto. No solo podemos ver las traducciones de nuestros colegas en tiempo real, sino también modificarlas, así como agregar términos al glosario o eliminarlos si no estamos de acuerdo con ellos. Además, podemos ver las correcciones de los revisores, lo cual es muy enriquecedor y nos permite mejorar nuestras traducciones. Otro aspecto positivo de esta herramienta como traductores es la posibilidad de estar en comunicación directa con los revisores, ya que incorpora la función de comentarios: estos podemos marcarlos con colores, dependiendo del tipo de comentario. Por ejemplo, si tenemos dudas con ciertos términos o no estamos del todo conformes con nuestra traducción, podemos informarle al revisor que ponga más atención en aquellos segmentos y marcarlos con color naranja, que es una ‟advertencia”. Ahora, si el texto original es confuso, detectamos errores o no lo entendemos, podemos marcarlo con rojo, para indicar que es un ‟error”.

Por último, en cuanto a la revisión final, memoQ cuenta con las funciones de Spell Check y ‟QA” (Quality Assurance), dos pasos absolutamente necesarios antes de entregar nuestras traducciones. La primera nos permite hacer una revisión de ortografía y gramática, mientras que la segunda nos permite corregir errores de formato (como uso de negritas y cursivas), espacios extra e inconsistencias, ya sea en la memoria o en el glosario. Por ejemplo, si no respetamos el glosario del proyecto o la ‟lista negra” del cliente, durante el QA podremos detectar estos errores a tiempo y corregirlos. Por otro lado, si queremos dar otra revisión fuera del entorno del programa, siempre podremos exportar el documento al formato en cuestión (Word, Excel, PPT, etc.). Si hacemos cambios, debemos procurar ingresarlos a la memoria desde luego antes de entregar el documento.

En la actualidad, es fundamental contar con estas herramientas TAC en nuestros proyectos de traducción. Pero debemos tenerlo muy claro: solo constituyen una ayuda, tal como su nombre lo indica, y no hacen el trabajo por nosotros. Somos los traductores quienes nos encargamos de nutrir las memorias, de mejorarlas, de corregirlas, de complementarlas, etc. y de darle el mejor uso a las herramientas. Que no nos quepa la menor duda de que los traductores debemos ir a la par de la tecnología, así como estar actualizándonos y aprendiendo constantemente. De lo contrario, quedaremos rezagados, lo cual podría verse reflejado en menos oportunidades laborales y en la subsecuente pérdida de clientes.

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Un comentario

  • Marco Díaz  septiembre 4, 2016 a las 14:50

    Gracias por compartir esta información de las herramientas TAC. Estoy de acuerdo que memoQ no solo es la herramienta TAC más amigable sino también la que brinda mayor apoyo técnico por parte de su compañía. Me agrada mucho que en su sitio web proporcionen seminarios por la red para que los usuarios aprendan a usar al máximo sus funciones.

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