Cerebro-Bilingüe

Hay un sinfín de estudios sobre las ventajas de aprender un segundo idioma… o un tercero… o un cuarto. Desde el crecimiento de la parte prefrontal del cerebro hasta el retraso de la Enfermedad de Alzheimer, los efectos del dominio de una lengua extranjera se manifiestan más allá de la habilidad para comunicarse.

¿Tarde o temprano?

 

En la década de los 50, Noam Chomsky propuso una nueva teoría sobre el aprendizaje: la innatista. En ella afirma que los seres humanos nacemos con conocimientos y estructuras mentales previas a toda experiencia de aprendizaje. Esto explicaría por qué los niños muestran mayor predisposición a aprender dos o más lenguas que cualquier otro grupo etario.

 

BRAINGLOT, una asociación de científicos españoles que busca identificar los cambios estructurales y cognitivos que ocurren al aprender un segundo idioma, ha descubierto que la habilidad para hacerlo depende de la asimilación de la lengua materna en los primeros 5 años de vida. Y, ¿qué pasa con los bebés que aprenden 2 idiomas simultáneamente? Aunque la diferencia no sea evidente, los estudios con resonancia magnética funcional han demostrado que siempre habrá un lenguaje que la persona domine mejor, y con frecuencia es el de la madre.

 

El aprendizaje tardío puede ser complicado, pero no por eso menos útil. La experiencia nos enseña que los adultos que intentan aprender un segundo idioma enfrentan complicaciones para construir oraciones correctamente, diferenciar los significados de palabras fonéticamente parecidas y memorizar las reglas gramaticales, por mencionar algunas. Ya que la primera lengua ha ocupado una gran parte del cerebro, la segunda tendría que competir por espacio. Lo sorprendente es que múltiples estudios han comprobado que en las personas bilingües el lóbulo parietal izquierdo es más grande que en las personas monolingües, lo que llevó a los científicos a encontrar que el pensamiento bilingüe se relaciona con otras habilidades, como la de tomar decisiones rápidamente.

¡Piensa rápido!

En el estudio Somatotopic representation of action words in human motor and premotor cortex, los doctores Olaf Hauk, Ingrid Johnsrude y Friedemann Pulvermüller encontraron que ciertas palabras activan el córtex motor y premotor, las mismas zonas que se estimulan al correr, nadar o saltar. Si a este dato sumamos la conclusión de Patricia K. Kuhl, publicada por Nature Reviews, de que los niños solo aprenden de su relación directa con el idioma y no a través de la escucha pasiva (como el radio o la televisión), podemos darnos una idea de la clave para aprender un idioma rápidamente.

Y la clave es: practicándolo. Tal vez has notado que las personas bilingües y políglotas (o quizás tú mismo) con frecuencia se quedan con la última palabra de la oración “en la punta de la lengua”, lo que los hace parecer ligeramente más lentos para hablar. Pues bien, no hay nada de qué avergonzarse. Esto es porque su cerebro está intentando discernir constantemente entre un idioma y otro. La buena noticia es que es justo por eso que son muy buenos para tomar decisiones, como lo afirma el catedrático de Psicología Básica en la Universitat Jaume I de Castellón, César Ávila. Por la misma razón, las personas que practican más de un idioma son capaces de suprimir fácilmente los distractores ambientales y enfocarse en tareas específicas.

Contra el olvido

Ahora se sabe que los cambios cerebrales que ocurren al aprender un segundo idioma no son solo cognitivos, sino morfológicos. Practicar varios lenguajes obliga a activar diferentes áreas neuronales y aumenta la densidad de la mielina, la sustancia que recubre y protege las conexiones nerviosas. De ahí que ser bilingüe signifique también poseer una mente flexible, creativa y con mayor capacidad de concentración, cualidades perfectas para retrasar las enfermedades que deterioran la memoria.

Podríamos decir que aprender un segundo idioma es el equivalente a hacer gimnasia cerebral. ¿Qué efectos has notado en ti?

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