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Muchas veces, los profesores nos obsesionamos al planear nuestras clases. ¿Qué tanto tiempo debo dedicarle a la presentación de un tema nuevo? ¿Qué actividades pueden fortalecer el conocimiento impartido en clase? ¿Cómo puedo corregir los errores de mis alumnos? Pensamos en ejercicios de refuerzo, estándares y planes que cumplir, exámenes que aplicar; sin embargo, muchas veces dejamos de lado la pregunta más importante en nuestra profesión: ¿para qué están aprendiendo inglés nuestros alumnos?

En grupos de adultos, la respuesta siempre es la misma: el trabajo. Necesitan aprender un conjunto de expresiones y vocabulario específicos que les ayude a comunicarse en el ámbito laboral. Entonces, muchas veces buscamos diccionarios y glosarios de inglés para negocios y planeamos una clase estructurada alrededor de este contenido y, la mayoría de la veces, no nos detenemos a cuestionar este método ¿Es acaso así como funciona el mundo real? ¿Todas las interacciones y los diálogos humanos se pueden reducir a una serie de oraciones, expresiones y palabras? En realidad, nuestro propósito como docentes no es entrenar a nuestros alumnos para que repitan, sin errores y con una hermosa pronunciación, una lista de frases provenientes de un libro. Nuestra labor es darles las herramientas para que ellos mismos aprendan a comunicarse. Un alumno que siente la seguridad para entablar una conversación en otro idioma es un alumno que puede, por sus propios medios, investigar y aprender palabras nuevas que le sean útiles en su contexto. Un alumno entrenado para repetir una lista de expresiones no podrá comunicar más que aquello que ha memorizado.

Es por eso que una gran clase inglés busca replicar las condiciones sociales y comunicativas a las que nos enfrentamos todos los días. Las conversaciones que encontramos en los libros de texto distan mucho de las conversaciones que se llevan a cabo en las interacciones reales. Busquemos eso. Intentemos idear actividades en las que nuestros alumnos deban expresarse y producir lenguaje que surja de su contexto específico. Los role playing games son una gran herramienta ya que tanto jóvenes como adultos disfrutan mucho jugar. Puedes crear un escenario en el que dos alumnos deban llevar a cabo una entrevista laboral; no cualquier entrevista, sino una entrevista para su trabajo ideal. La información que intercambien no tiene que ser necesariamente verdadera, lo importante es fortalecer la capacidad de responder rápido y con seguridad en situaciones estresantes. Otra actividad que suele despertar el interés de los alumnos es el juego del diccionario. En vez de presentar una nueva lista de vocabulario, puedes escribir simplemente las palabras en el pizarrón y motivar al grupo a que, en equipos, intenten adivinar su significado sin consultar un diccionario. Esta actividad es muy efectiva no sólo porque suele dar pie a ocurrencias divertidas de los alumnos, sino porque los orilla a prestar mucho más atención al lenguaje, a verlo de cerca, diseccionarlo y analizarlo y, por ende, crea un aprendizaje significativo.

Existen miles de actividades y dinámicas comunicativas diseñadas para emular las interacciones del mundo real. En el día a día, las palabras y las expresiones que más utilizamos no son las que memorizamos con mayor frecuencia, sino las que son significativas en nuestro contexto; las palabras que nos ayudar a comunicar quiénes somos y cómo nos relacionamos con el mundo. Sin importar que enseñemos inglés a empresarios, niños o adolescentes, todos buscan lo mismo: aprender a expresarse. Así que es nuestra labor crear un ambiente en el que se sientan seguros y motivados para hacerlo Y recuerda el consejo más importante: si no es divertido para ti, tampoco lo será para tus alumnos.

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