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Las habilidades que distinguen a un traductor profesional van más allá del pleno conocimiento de dos idiomas y la paciencia. El traductor como un puente humano tiene sus propias ideas. ¿Has leído traducciones de un mismo texto hecha por dos traductores distintos? ¡Cuán diferentes pueden ser! Sin embargo a lo que ambos aspiran –y que ninguna máquina ha logrado mejor– es a conservar el alma de las palabras. Pero ¿qué más comparten todos los traductores profesionales?

El profesional en traducción posee una serie de habilidades que el aspirante a la profesionalización debería tener en cuenta ya que estas características pueden distinguirlo como un elemento excelente en su campo. Aún si no te interesa la traducción, al seguir leyendo podrás valorar mucho más esta ardua tarea.

1. Escribe bien

El traductor profesional respeta la estructura gramatical del idioma al que traduce, que puede ser muy distinta a la del idioma original. Al hacerlo, el texto no parece meramente una traducción, sino un texto original con la organicidad del idioma meta.

Este punto incluye una excelente ortografía en ambos lenguajes, así como el uso adecuado de los signos de puntuación, que será distinto en cada idioma.

 

2. Sabe para quién trabaja

El profesional sabe quiénes son sus lectores potenciales y por qué es importante traducir lo que traduce. Si no lo sabe, pide esta información a su cliente o la define con él, pues esta información influye en la forma en que puede usar el lenguaje. Piensa en el otro, quien recibirá el mensaje.

 

3. Gusta de ser puntilloso

Podríamos llamar a esto la habilidad de obsesionarse con la precisión. El profesional de la traducción no cambia el sentido de las palabras de una frase solo porque ‟le suena mejor” a su manera. Como lo dice el punto anterior, piensa en los demás, por lo tanto, su público objetivo pesa más que su ego.

El traductor profesional busca. No descansa hasta encontrar la mejor manera de expresar fielmente en el idioma meta esa parte complicada del texto.

 

4. Tiene una vista aguda

Para asegurar la calidad de su traducción, el profesional es capaz de hacer una revisión minuciosa de su trabajo. Identifica así posibles errores ortográficos, de sintaxis o de redacción y corrige. Esto implica tomar distancia del texto, leerlo como si fuera la primera vez para detectar ‟las cosas extrañas” que antes le pasaron desapercibidas.

Además, el profesional procura la buena presentación de su traducción. El formato de sus escritos importa. Habla de su pasión por la excelencia y lo distingue.

 

5. Ama

El traductor profesional es un amante de las palabras. Cuando hay amor hacia algo, existe un compromiso libre de ‟obligaciones”. El compromiso del traductor es con las ideas, no con las palabras.

El profesional sabe que ‟no son las palabras en sí” lo que dicen algo, pues las palabras nombran las cosas. Lo que las mueve es el alma dentro de ellas. Las ideas que les dieron origen. A ello le debe su fidelidad el traductor.

 

6. Posee avidez por saber

Esta habilidad del profesional en traducción se reduce a: es un chismoso. ¿Por qué? Porque siempre es necesaria una cuantiosa dosis de curiosidad, curiosidad en muchos y variados temas que pueden ser su materia a traducir.

Aunque existe la especialización entre los traductores (legal, financiera y de software, solo por mencionar algunas) y deben conocer a fondo el lenguaje técnico específico de su área, sus términos y temas, una curiosidad hambrienta en el traductor por otros campos siempre abrirá su panorama.

 

7. Es puntual

El profesional sabe administrar sabiamente su tiempo. Conoce su ritmo de trabajo y sondea cuánto tiempo puede tomarle cada nueva traducción. Así se organiza para tener listo el material en tiempo y forma. Incluso con anticipación. Y considera en su calendario las revisiones.

Además…

Existen otros puntos a considerar en la labor de un profesional, entre ellos:

  • English-Spanish-English. Traducir de un idioma no necesariamente significa saber traducir a un idioma. El profesional conoce ambos caminos de ida y vuelta.
  • Sabe que los números también necesitan traducción. En francés por ejemplo, noventa es ‟cuatro veces veinte + diez” (quatre vingt dix); así como un billón, mil millones de inglés estadounidense a español mexicano.
  • No es una máquina para reemplazar palabras. Ni un diccionario, sino un ser humano complejo que hace elecciones, va más allá de las traducciones simplistas o literales porque indaga el contexto.
  • Tiene ética profesional. Puede decidir rechazar el trabajo de traducir de un texto que atente contra sus valores o pueda atacar a otras personas, como los contenidos de violencia o racistas.
  • Es capaz de proponer. Si tiene un texto original ‟malo”, es decir, pobremente escrito o con una redacción extraña, puede elegir entre respetarlo o mejorarlo en la traducción, aunque esto depende en gran medida de su cliente y su público.

 

¿Cómo ser profesional?

Ser traductor no es tarea fácil. Si aspiras a serlo no basta con dominar uno o más idiomas, ni con palomear las habilidades que acabas de leer. Un profesional sabe también cómo negociar con su cliente sus necesidades y opiniones en su materia, y además cómo vender bien su trabajo. Y puede venderlo porque confía en su alta calidad.

Pero ¿quién decide si un traductor es profesional o no? Bueno, existen algunas carreras universitarias en nuestro país, pero no son la única vía de profesionalización. La OMT (Organización Mexicana de Traductores) ofrece una certificación oficial para traductores con experiencia. Mediante un examen inglés-español el traductor demuestra que sus traducciones son de alta calidad.

Además la UANL tiene en marcha el proyecto de un Centro Nacional de Certificación de Traductores, que tiene como objetivo profesionalizar la traducción en México mediante certificaciones con estándares internacionales y dar reconocimiento a la profesión del traductor en el país. Además, planea certificar a los traductores según su área de especialización.

 

La traducción es una tarea apasionante. Ofrecer traducciones de alta calidad requiere de una preparación que involucra tanto conocimiento como sensibilidad, y por ello ninguna máquina ha logrado reemplazar al ser humano en esta labor. Ser capaz de tender puentes entre las personas, como lo hace el traductor, exige muchas y diversas habilidades. Pero, sin duda, la experiencia es la gran maestra, la mejor, en esta ambiciosa aventura del lenguaje.

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